Los ojos del cuarto PDF Imprimir E-Mail

 

los ojos del cuarto

 

 

Contratapa del libro Los ojos del cuarto
de Mario Mele – 1998.

Las cartas de Mario.

Esa carta incesante de Mario Mele escrita entre la noche, los sueños, el amor, los miedos. Con imágenes tan fuerte porque vienen de un delicado toque de pincel. Esa desarrollada noticia del estado del cuerpo y sus (des) encuentros, irá en busca de la “innumerable minoría” sin domicilio fijo, que son los lectores de poesía.

Compuesta de diferentes mensajes, la noticia, en definitiva, es como debe ser en la poesía, la de cada instante inventando su propio lenguaje.

Los ojos del cuarto tienden líneas desde distintos ángulos y forman el laberinto que se despliega ante nuestros ojos. Esta poesía de lo inexpresable, busca resolverse en una forma sencilla que puede ser la de una carta.

Esta poesía de Mario que no cesa, que termina en una página y comienza. Se deja esta contratapa y se vuelve a abrir.

Leonardo Garet

a Valentina.
Y en el balcón de tus ojos...


oculto el pasillo
que vos soñás,
de la noche a la noche,
como todos mis sueños...


el rincón del cuarto...

no logré que viniera el sueño
a eso de las 3 de la mañana,
ni los perros mordieron la noche
a esa hora cuando mueren los perros,
por eso traje el techo
al rincón del cuarto,
al lugar por donde perdemos los ojos
            para encontrarnos,
a eso de las 3 y media
giré sobre un costado y pisé la noche,
a eso de las 3 y media
         cuando las piernas se desatan,
al medio de la cama cayeron los ojos
            buscando las caras...


el beso

al lado izquierdo de tu cara
va despacio mi mano repleta de lápices,
se descuelga la piel buscando el labio
y ellos se pierden por la noche
          retocando las esquinas desnudas de tu  cuerpo,
del otro lado se quiebra el espejo de la boca
          y la sangre nos reclama el último sueño
                  de la medianoche...


el escritor

escribo en el papel y cuando las líneas
     se multiplican hasta oscurecerlo todo,
ya sin los ojos
        buscamos entre las manos
                la última hoja que nos devore,
allí comienza la luz,
como una serpiente dentro del cuarto...