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Taller Literario de Paysandú |
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Editado en 1994 - Autores varios
ESCUCHO LA NOCHE
Hoy llego a escuchar el viento a beberme un pedazo de noche y a morirme un poco más como tantas veces he muerto. Vengo despacio, en silencio dejando atrás un cortejo de risas de voces y de hermosas caricias, y en la mano el inconfundible perfume de la vida y la muerte (del amor y la muerte). Hoy llego despacio como tantas otras llego saboreando de tus besos tu honda tristeza, tu soledad, mi mal silencio, y escucho la noche, el viento escucho el suave ardor de la piel agrietando el sentido. Hoy llego a escuchar la noche como tantas otras noches en que no duermo. EN EL TEMBLOR DE LA NOCHE
El rugir de las sombras en esta noche ventosa me arranca la voz, el pensamiento, el último deletreo de tus ojos claroscuro de voces y del llanto que tus piernas esconden. El temblor de la noche en esta noche miedosa me adormece los nervios que en mis sienes explotan y en mi cuerpo en mi cuerpo deshabitado una serpiente de dudas se desprende de pronto de las piedras del alma, de la luz de la luna se desprenden de pronto de las sombras ventosas que nos inundan. HE VISTO LA LUNA GRANDE
He visto caer las sombras solamente cuando nos tapa el alma. He visto la luna grande solamente y descascarada y aún los ojos perdidos que lastiman cubiertos de tierra y sangre solamente y el hambre no saciada y el golpe bajo entrepierna agonizante, te he visto a solas a la madrugada solamente. |